El pasado 21 de marzo los socios de la sección de Madrid, Juan Antonio Gómez y Jorge Borrás, participamos en la Marcha del Mamut de Madrid en la distancia de 100 kilómetros en 24 horas.
La Marcha del Mamut es una prueba consolidada internacionalmente con origen en Alemania (Mammutmarsch) que realiza marchas de 30 km y 50 km en la misma Alemania, Austria y Dinamarca y en las ciudades españolas de Barcelona, Bilbao y Málaga.
La Marcha del Mamut es un evento deportivo no competitivo; lo que significa que no hay dorsal con chip ni cronometraje oficial, no hay podium ni clasificación, sólo el reto personal de completar el recorrido y llegar a la meta.
Era nuestra primera experiencia con esta modalidad deportiva y no podemos negar que nos resultó chocante. No hay pasos intermedios ni carteles indicando el punto kilometrico, no hay vigilancia en los cruces ni nadie de la organizacion en todo el recorrido. Tan sólo flechas indicando el sentido y cintas reflectantes marcando el camino. La organización facilita el track para que los marchadores lo lleven en sus dispositivos electrónicos y puedan orientarse. Y puede resultar suficiente porque en todo momento se va caminando sin prisa, pero creemos que la organizacion deberia aumentar considerablemente la señalizacion para evitar la sensación de vacío en muchos tramos largos y cruces.
Esta edición de Madrid era la primera ocasión que se realizaba una marcha en la distancia de 100 kilómetros. El itinerario transcurre con salida y llegada en la Casa de Campo y la publicidad de la marcha prometía que «Empieza en la ciudad, pero lo que te espera es naturaleza, senderos inesperados y paisajes que no imaginabas tan cerca de casa. Conecta con una cara salvaje de Madrid que pocos conocen, senderos preciosos, zonas verdes paisajes brutales y una energia que te transforma». Y en cierta manera es cierto, pero también falso y posiblemente la razón esté en conseguir cumplir esas expectativas en un recorrido tan largo.
Entiendo que para una distancia de 30 o 50 kilómetros es una prueba adecuada. Una forma más de viajar y hacer «turismo deportivo» una manera distinta de conocer una ciudad y así ir a Viena, Copenhague, Barcelona o Bilbao. Hacer la marcha y sumar una cinta más al mosquetón de la mochila, por la mañana recorrer de una forma original parte de una ciudad desconocida, por la noche cenar el plato típico y al día siguiente pasear por el centro y entrar en algún museo.
Pero Juan Antonio y yo nos apuntamos a la marcha de 100 kilómetros por el reto, por la atracción por ese número mágico y porque siempre echamos de menos Ronda y toda su épica. Buscábamos los más duro y esta vez se hacía en el jardín de casa. Buscábamos pasar todo el día y toda la noche caminando sin dormir.
Pero el recorrido resultó decepcionante porque casi con seguridad el 70 % del mismo transcurre por asfalto, cruzando urbanizaciones de Boadilla y recorriendo los cuatro puntos cardinales de las calles de Las Rozas y sus centros comerciales, carriles bici y avenidas. Demasiado asfalto para una promesa de senderos preciosos y zonas verdes que se convirtieron en callejear como si estuviéramos paseando el perro un domingo debajo de casa.
Lo que me llevó de esta experiencia es descubrir parte del Arco Verde. Un extenso circuito ciclable que recorre toda la Comunidad de Madrid y que durante la Marcha pasa por el sector 5 del Parque Regional curso medio del río Guadarrama y su entorno y nos regaló la agradable sorpresa de su recorrido entre Villafranca del Castillo y Villanueva del Pardillo.
Otro aspecto que esperemos mejoren en ediciones posteriores es el número de avituallamientos. Y aunque la organizacion advertía que la marcha es en régimen de autosuficiencia sólo pusieron cinco avituallamientos en el recorrido, escasez que se agravó al caer la noche y que en un par de ellos no hubiera bebida caliente para entonar el cuerpo.
No fue cómo esperábamos, no lo estábamos disfrutando, nos estaba defraudando tanto callejear, pero no abandonamos, no renunciamos, nuestro pundonor de soldados nos mantuvo caminando. A pie y sin dinero.
Quiero reconocerle a Juan su coraje. Me siento orgulloso de caminar junto a él. Llegó con molestias musculares y una ampolla en el talón le hacía pisar mal, pero no abandonó. Quizás se equivocó de zapatillas y de calcetines, quizás no había entrenado lo suficiente, quizás nos estemos haciendo mayores y nos negamos a aceptarlo, pero no abandonó. Es el espíritu de marcha, el espíritu de sacrificio que te empuja a dar un paso más a pesar del dolor «soldado de montaña nombre de prestigio es trata de darle siempre fama y gloria donde estes».
Participando en estas pruebas deportivas no buscamos nada más que en la salida ponernos nuestra boina y lucir con orgullo nuestro emblema. Y al llegar al final después de 21 horas caminando cruzar la línea de meta con nuestra boina y nuestra bandera y desaparecido el dolor y la fatiga decir simplemente: sin novedad.
Jorge Borrás (Miembro del Equipo de Trail)
