¡FRATELLI!
(Hermanos)
Título bien escogido, por cierto, para empezar esta crónica, pues es el saludo más habitual con el que nos obsequiaron nuestros amigos italianos de forma constante; efectivamente, hablamos de profunda hermandad, con ellos y, de hecho, con todos los representantes de las naciones inscritas en la IFMS con lo los que compartimos en estos días el pan y la sal…¡y la grappa, que todo hay que decirlo!
Una vez más, nuestra AESVM se hizo presente en la Adunata en la localidad de Vicenza, invitada por la Associazione Nazionale Alpina (ANA), que se prodigó en atenciones. Estaba compuesta nuestra expedición por ocho veteranos, bajo la dirección de nuestro presidente Carlos Aparicio y la guía del responsable de las actividades internacionales, el pamplonés Miguel Dutor; allí estábamos los asiduos (Esteban y Miguel Calzada, Fernando Barranco y este humilde cronista, y dos nuevos fichajes excelentes: Antonio Tena, Suboficial Mayor en activo, y el siempre sonriente Pablo Mesado; grupo compacto sin fisuras, alegre y responsable, para dejar bien en alto nuestro pabellón.
El jueves día 9 de mayo volamos desde Barcelona hacia Venecia, sin más problemas que alguna mochila despistada (¡ojo, Miquel!), pero recuperada sin más consecuencias. En una furgoneta alquilada, cubrimos los kilómetros que separan el aeropuerto veneciano de Vicenza; buen conductor, vive Dios, Antonio Tena, que se ofreció incluso a llevar azafatas que nos ofrecieran refrescos para paliar las inevitables caravanas. Llegados al hotel, nos abrazamos con nuestros camaradas alpinos, comandados por los simpáticos Renato, Alessio y Danilo…….., que nos invitaron a una excelente cena, en un restaurante próximo al hotel; de entrada, unas cervezas para quitarnos el polvo y la sed del viaje.
Al día siguiente, viernes día 10, nos estrenamos con el primer madrugón, pues se celebraba el acto inaugural de la Adunata: ceremonia de la izada de la bandera (alzabandiera) y la ofrenda a los caídos en la Piazza Dei Signore. Aunque nos repitamos, dejemos constancia de la emoción (y la sana envidia) que supone escuchar el Himno de Italia cantado por toda la población. A continuación, la interesante visita a la Ciutadella dei Alpini, instalada por el Ejército Italiano en el Campo de Marzo, lo que suponía una buena marcha a pie, entre aglomeraciones; las carpas de la restauración oficial nos brindaron después una apetitosa comida , luego llevados por el ambiente festivo de numerosos grupos de alpini, cantamos nuestras canciones en la sobremesa.
Nuevo acto por la tarde: recibimiento de la Bandiera de Guerra de la Brigada Alpina, acompañada por todas las autoridades de la ciudad y de la provincia; tuvimos que esperar un buen rato en nuestra formación, momento en el cual el bueno de Esteban, haciendo gala de su veteranía en Adunatas, se dejó cuidar por una chicas de la Cruz Roja para reponerse de las caminatas… Nuevamente invitados, esta vez por el Grupo Alpino de Testona, compartimos en su campamento una apetitosa cena, ¡y nuestro novato Antonio Tena hizo gala de su buen apetito, por cierto, para no dejarnos mal.
Abramos un paréntesis en la narración: cualquier desplazamiento callejero de nuestro grupo era constantemente interrumpido por amigos italianos que nos preguntaban los orígenes de cada uno, nos abrazaban e invitaban a lo que se terciara; y no digamos si topábamos con algunas españolas, que, además de apreciar nuestro palmito, se enternecían al oír expresarnos en los idiomas patrios; la palabra fratelli no se caía de la boca de los grupos de alpini.
El sábado, día 11, trocamos nuestros cómodos uniformes de marcha y faena por los de bonito, pues estábamos invitados a la recepción a las secciones alpinas del exterior (de hecho, de todas las partes del ancho mundo) y a las delegaciones extranjeras, bajo la presidencia de Sebastiano Favero, de la ANA e Ignazio Gamba General Jefe de la Tropa Alpina.
El marco del Teatro Olimpia (de construcción renacentista) nos dejó ojiplatos, y nuestros estómagos agradecieron el lunch posterior en los jardines; a todo esto, este cronista se quitó una espinita cuando pudo cantar La Montanara con un coro alpino de buenas voces, acompañado por acordeones; luego, todos, entonamos jotas, canciones populares y montañeras y, magistralmente (todo hay que decirlo), El novio de la muerte.
La Santa Misa, en el Duomo (catedral) fue oficiada por el obispo titular, D. Giuliano Bruguetto y concelebrada por multitud de sacerdotes, la mayoría tocados con el capelo alpino; la homilía versó sobre la festividad solemne del día, la Ascensión del Señor, y, a la vez sobre la garantía de la paz en nuestro desquiciado mundo, que representan especialmente las Fuerzas Armadas y, en su caso, los alpini. Como el día había sido pródigo en emociones y caminatas, nos conformamos con una cena frugal en un chiringuito frente al hotel y unas grappas y refrescos para celebrar la jornada; no dejaron, eso sí, de menudear los chistes, lógica expresión de la alegría por las jornadas que estábamos viviendo.
Pero todo llega a su fin; y el domingo, día 12, solo nos quedaba participar en el Gran Desfile, en el que ocupábamos el primer sector los delegaciones extranjeras de la IFMS, por cortesía de la organización. Lástima que no disponíamos de ninguna fanfara (banda de música) para acompañarnos el paso, por lo que acudimos al un-dos habitual, y a fe que lo hicimos bien; los vivas y aplausos a España eran constantes, y, también, los saludos muy expresivos a nuestro veteranísimo Esteban Calzada, que tiene más fans en Italia que Beyonce y Madonna juntas.
Nueva cortesía de Antonio Tena: a paso ligero, se adelantó al grupo para recogernos con la furgoneta, pues llevábamos bastantes kilómetros a cuestas, entre desplazamientos y desfile. Por fin, tranquilos, en ruta al aeropuerto veneciano Marco Polo; interminable embotellamiento en la autopista (otra vez), pero menos mal que íbamos con tiempo sobrado… además de por un retraso gigantesco del avión a Barcelona.
En la memoria próxima, el regusto imborrable de las jornadas vividas con nuestros fratelli alpini.
MANUEL PARRA CELAYA (Sección de Barcelona)
¡Gracias por representar tan dignamente a nuestra Asociación y dejar nuestro pabellón bien alto!
